Leyendas

Tertulia

La noche se sintió de pronto sola. Lo cuentan las leyendas, me lo susurran despacio, en las noches en las que camino sola cuando no deseo la compañía de nadie.

Lo supo cuando las huellas intentaban pasar desapercibidas, porque los pasos se dejaban dominar por la prisa de la inconsciencia, las miradas pegadas al suelo, no veían las estrellas, y la luna veía su luz reflejada en el cemento, pero las farolas con su luz artificial, eran como un espejo reflejando su imagen opaca y triste.

Las siluetas eran sombras grises, con olor a cigarrillos quemados, humos evaporados incluso antes de elevarse a las nubes; habían besado pulmones solitarios, y regalado a la noche, los secretos guardados entre candados abriendo callejones solitarios y también, tascas repletas de voces que querían ser escuchadas, sin la necesidad de dar color a la voz.

En las tascas los borrachos de corazón, alternaban su inconsciencia con el deseo temporal de olvidar su cordura, y dejaban a cada paso, sus cicatrices de la vida grabadas en el cruel asfalto.

La noche gritaba al sentirse sola, pero nadie la escuchaba.

Y en el más profundo silencio, resonaban las notas de un piano, pero nadie se atrevía a preguntar quién tocaba, porque la noche comenzó a sonreír.

El sonido parecía muy lejano, como el murmullo del mar con las ventanas cerradas, como el quejido del animal que se siente de pronto abandonado, como el niño que llora unos instantes antes de que su madre le toque, o como aquella vez que estando de espaldas, te mire un momento antes de girar tu cabeza y encontrarme.

¿Por qué no me besaste?

Ahora al recordarlo, parece que el asfalto quiere parir huellas, y al evocarlas, consiguen miradas elevándose al cielo, ojos que después verán la luz cuando se va apagando justo antes de llegar la noche.

 Entonces dejará de sentirse sola.

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La calle de las emociones

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La calle de las emociones era imperceptible, se mantenía en un rincón privilegiado, resguardada sin llamar la atención.

El aire era tímido, pero albergaba un inventario colosal de emociones, solo ella sabía reconocerlos en ese callejón.

Miles de miradas pasaban de largo, había saludos sin pronunciar, el asfalto  la rodeaba, robaba emociones, sentimientos, y en muchas ocasiones le tentaba mezclarlos con su pasado.

Sólo había algo que pronunciaba la realidad, el brillo de unos ojos que siempre era capaz de apreciar, una mirada latente y ausente al mismo tiempo, unos ojos que al soñar imaginaba que la veían, unas retinas que a la luz del día, la ignoraban con una enorme carga de dolor.

Salía el sol cuando lamentaba el presente, no había melodías al intentar juntar sus píes en ese pequeño trozo de asfalto.

Quemaba el beso que nunca le daban, era como ese gusano que casi pisa la última vez que llovió.

Giró de improviso, se encontró con el brillo de sus ojos sin esperarlo, no hubo palabras, porque en ese momento nadie debía escuchar nada, y los cuatro píes se adelantaron para confundirse en un abrazo.

Fue tan inesperado que los labios aprendieron en unos segundos un idioma desconocido, fue tan intenso, que el asfalto pudo por fin besar a esa calle que creía no ser nunca vista.

El aire huele a tu nombre.

Te escondes

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Podría hablarte sin pronunciar palabra

Si supieras interpretar mis miradas

Sería golondrina, o quizás gaviota

En el mar sin agua de tus ojos.

Te imagino enredado en mi cuerpo

Y yo…

Te encuentro cuando nadie pronuncia mi nombre

Juego con el ángel que escondes

Y el aire huele a tu nombre.

Te pronuncio

Te escondes

Y como duele la ausencia que ocultas.

 

 

Realidad

Copia de Viento del Sur

He bajado las persianas de mi rutina, me he subido al tren, ha llegado mi estación… no me he bajado, he seguido hasta el final, un recorrido para abrazar mi realidad.

Siempre me ha gustado viajar en tren, me gusta más que el avión, más que el coche, me gusta incluso más que tú, en el barco de nuestros recuerdos.

El tren de hoy me ha pasado factura por todos los minutos regalados en tantos años, me ha reconocido como pasajera habitual de sus destinos, como espectadora embelesada de los paisajes de ventanilla, como observadora incondicional de compañeros y compañeras pasajeros de viaje que nada significaban para mí por ser desconocidos… y entre paisaje y paisaje, sus miradas, fueron las más fieles compañeras de destino.

He visto tu mirada en la primera estación, mi dolor cuando te alejaste en la segunda, mi cínico olvido en la tercera, mi afán por enterrarte de mi vida en la cuarta, y mi certeza de no tenerte en la quinta que no es ni la última, ni mucho menos el final de trayecto.

Hoy he llegado hasta el final, he dejado el tren y he andado lo desandado, he grabado en mi alma miradas desconocidas que no soy capaz de olvidar, y discúlpame por haberme guardado tus besos, entre las costuras de los bolsillos de mi abrigo desgastado.

Lo he hecho cuando la noche empaña las ventanillas de mi tren, cuando la luna no desea ni mirarme, cuando tu olvido se perdía con los ruidos de la oscuridad, cuando ya nada ni nadie, se atreve a desafiarme.

Lo he hecho porque tus besos son las únicas lágrimas imposibles de olvidar, ni de dibujar en un mapa que no me pertenezca a mí.

Me he atrevido a llegar tan lejos, para llorar sin sentirme mal, al ser consciente de no tenerte y a la vez, olvidarte y confundirte en el abrazo de mi realidad…

…¿O de nuestra realidad?

 

 

 

Segundo Apellido.

Armas y Balas

Cuentan en mi ciudad las abuelas que han sobrevivido a sus maridos, las historias de fúsiles que aunque todavía recuerdan, no se atreven a decir en voz alta.

No atreverse, no por miedo, no atreverse porque al recordarlo se hace un nudo en las entrañas, ésas que rugían en la miseria del hambre burladas con mondas de patatas fritas, cuando las sirenas les hacían agarrar a los hijos y correr por el asfalto roto, machacado por los seres que llevaban el apellido de la guerra.

Los píes se precipitaban al suburbano que entonces, no sabía de modernidades e ignoraba que si estiraba los brazos al futuro, podía tocar con la punta de los dedos, el progreso en saltos de 20 años o más…

…Cuentan, se miran entre ellas buscándose en las miradas de la complicidad que han vivido la misma historia, miradas que salen desde dentro, en las ausencias que se han olvidado a fuego lento en los andenes de la memoria que todo lo graba, y a la vez, todo lo aniquila cuando se aparta para morir en el callejón del dolor.

Dicen, que cuando todo acabó, muchos se empeñaron en buscar un segundo apellido, para darle nombre a lo innombrable, para darle un segundo apellido al asfalto que al sobrevivir, le han tapado las heridas con huellas de distintos nombres, pero de raíces que por debajo, suelen llorar cuando sus antepasados y sin saberlo, pisan la sangre seca a la que ya no reconoce ni la lluvia.

Cómo una estampa, decía con énfasis en la voz la del moño, sí, aquella que una vez perdió a la más chiquita, cuando al ruido de sirenas una bomba desde el aire infernal, dejó ese cuerpecito inerte en el suelo porque el susto fue más grande que su pequeño corazón (…)

Y tiraba de los otros, que sin dejar de mirar atrás, veían a su hermana sin entender nada. Pero no eran tiempos de pararse a llorar, eran tiempos de tragarse las lágrimas y así de paso, salvar a los demás. Y se salvaban sin saber de qué escapaban, y seguían sin saber el porqué de su lucha, y sin soltarse el pelo de la nuca, lloraba cuando las luces se apagaban, y esperaba a que volviera la luz del día para abrazar el cuerpecito que todavía ahora abraza, aunque se haya perdido su vida en  la más absurda confrontación teñida de rencor entre nacionales y republicanos.

Republicanos con nombres de poesía esparcida en caminos desconocidos, mientras caminaban de espaldas a lo absurdo, poetas non gratos por sus ideas y que la historia se ha ocupado de no robarnos, y de abrazarnos entre los brazos de la cultura que nunca murió con ellos…republicanos anónimos con el último pensamiento de sus hijos bajo el ruido de un pelotón numeroso, anestesiado de conciencia pensando siempre que era el del al lado el que tenía la pólvora asesina…

…Y había recuerdos para los nacionales también caídos, porque algunos cayeron, pero entonces ellos no fueron prisioneros, fueron los verdugos de algunos recuerdos que ahora se cuentan en voz alta, de nombres perdidos en fosas anónimas y que ahora con su moño, esperaba para que todos y cada uno de ellos, pudieran mirar al presente y se supiera el lugar que habían dejado vacío.
Como el vacío del hambre que nunca se ha vuelto a saciar, aunque la abundancia nos quiera hacer olvidar; pero nada se olvida, ni siquiera la muerte lo borra.

Se tarda en entender lo mucho que cuesta encajar el rompecabezas del sufrimiento, mezclado con el egoísmo de quién no lo ha vivido, de aquel que ha intentado transformar la sangre vertida, en monumentos de piedras tan blandas como el agua, de aquellos que ignorantes aún no saben, que aquí nunca hubo una cuestión de razones, sólo fue no saber encontrarle los píes al respeto, y tildar a la tolerancia de calzarse con ellos cuando se los veían planos y no aptos al servicio de la palabra que une, comunica, y se eleva más allá de la razón, aunque fuese sin alzar la voz.

(…)Mi Lolita, no sobrevivió, ella no pudo dejar la palabra escrita de otras Lolitas, como aquel que sin dejar de mirar atrás, guardó el semblante de lo perdido para desmembrar con el tiempo las espinas de ese tallo, y que a pesar de tanto pinchazo y bastantes heridas, le ha dejado la rosa limpia, rosa que morirá, pero hasta entonces, será la belleza en la vida de muchos ojos, y será bañada de las gotas que pareciendo rocío, serán en realidad, las lágrimas que no han de morir, porque mientras estemos vivos, nunca se han de olvidar de su segundo apellido.
-Siempre me descansa la memoria cuando instantes que se alargan en intensidad de sentimientos, me abrazan con una calidez que nada tiene que ver con lo físico.

Son los recuerdos de lo contado, de aquello que alguna vez, se quedó grabado por la fascinación de la voz que narraba, y que a la vez, te hacía escribir sin saberlo en la memoria, cuando perdías la noción del tiempo, interpretando las miradas del dolor en los recuerdos contados en voz alta-.