Sensibilidad

 

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Morir un poco cada día, es señal de que vives intensamente. Lo sé cuando soy capaz de intuir y adivinar el mundo, desde una pequeña ventana cobijada con su cristal, vestida con las cortinas avanzando más allá de la imaginación.

Mi alma también tiene cortinas, son livianas, viajeras, y agarran todos los detalles del día siguiente y, me hacen ser quien soy.

¿Quién soy? Todas las preguntas llevan hacia una irremediable reflexión, será difícil o quizás inoportuna para ti, pero para mí es adentrarme en lo más profundo del misterio de la vida.

Me confieso culpable de querer adentrarme en lo más profundo de mí misma, me confieso todos los días con los colores incipientes del amanecer, con los tonos moribundos del atardecer, con la arena mojada de la playa de mi vida, con la empatía y sensibilidad de todos los que merodean a mi alrededor.

No debo sentirme culpable por llorar cuando la luna toca mi presencia, ni por odiar el abrigo cuando me acaricia el sol, ni por sufrir cuando veo unos ojos tristes, una mirada perdida, o padecer cuando intuyo una vida perdida, aunque sean de los desconocidos y desconocidas que me encuentro de paso en el asfalto.

Así soy yo, y así deseo morir, sintiendo a los demás como si se tratara de mí misma. Poco importa si nadie es así, y mi sensibilidad extrema asusta o no es entendida.

 

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