Segundo Apellido.


Armas y Balas

Cuentan en mi ciudad las abuelas que han sobrevivido a sus maridos, las historias de fúsiles que aunque todavía recuerdan, no se atreven a decir en voz alta.

No atreverse, no por miedo, no atreverse porque al recordarlo se hace un nudo en las entrañas, ésas que rugían en la miseria del hambre burladas con mondas de patatas fritas, cuando las sirenas les hacían agarrar a los hijos y correr por el asfalto roto, machacado por los seres que llevaban el apellido de la guerra.

Los píes se precipitaban al suburbano que entonces, no sabía de modernidades e ignoraba que si estiraba los brazos al futuro, podía tocar con la punta de los dedos, el progreso en saltos de 20 años o más…

…Cuentan, se miran entre ellas buscándose en las miradas de la complicidad que han vivido la misma historia, miradas que salen desde dentro, en las ausencias que se han olvidado a fuego lento en los andenes de la memoria que todo lo graba, y a la vez, todo lo aniquila cuando se aparta para morir en el callejón del dolor.

Dicen, que cuando todo acabó, muchos se empeñaron en buscar un segundo apellido, para darle nombre a lo innombrable, para darle un segundo apellido al asfalto que al sobrevivir, le han tapado las heridas con huellas de distintos nombres, pero de raíces que por debajo, suelen llorar cuando sus antepasados y sin saberlo, pisan la sangre seca a la que ya no reconoce ni la lluvia.

Cómo una estampa, decía con énfasis en la voz la del moño, sí, aquella que una vez perdió a la más chiquita, cuando al ruido de sirenas una bomba desde el aire infernal, dejó ese cuerpecito inerte en el suelo porque el susto fue más grande que su pequeño corazón (…)

Y tiraba de los otros, que sin dejar de mirar atrás, veían a su hermana sin entender nada. Pero no eran tiempos de pararse a llorar, eran tiempos de tragarse las lágrimas y así de paso, salvar a los demás. Y se salvaban sin saber de qué escapaban, y seguían sin saber el porqué de su lucha, y sin soltarse el pelo de la nuca, lloraba cuando las luces se apagaban, y esperaba a que volviera la luz del día para abrazar el cuerpecito que todavía ahora abraza, aunque se haya perdido su vida en  la más absurda confrontación teñida de rencor entre nacionales y republicanos.

Republicanos con nombres de poesía esparcida en caminos desconocidos, mientras caminaban de espaldas a lo absurdo, poetas non gratos por sus ideas y que la historia se ha ocupado de no robarnos, y de abrazarnos entre los brazos de la cultura que nunca murió con ellos…republicanos anónimos con el último pensamiento de sus hijos bajo el ruido de un pelotón numeroso, anestesiado de conciencia pensando siempre que era el del al lado el que tenía la pólvora asesina…

…Y había recuerdos para los nacionales también caídos, porque algunos cayeron, pero entonces ellos no fueron prisioneros, fueron los verdugos de algunos recuerdos que ahora se cuentan en voz alta, de nombres perdidos en fosas anónimas y que ahora con su moño, esperaba para que todos y cada uno de ellos, pudieran mirar al presente y se supiera el lugar que habían dejado vacío.
Como el vacío del hambre que nunca se ha vuelto a saciar, aunque la abundancia nos quiera hacer olvidar; pero nada se olvida, ni siquiera la muerte lo borra.

Se tarda en entender lo mucho que cuesta encajar el rompecabezas del sufrimiento, mezclado con el egoísmo de quién no lo ha vivido, de aquel que ha intentado transformar la sangre vertida, en monumentos de piedras tan blandas como el agua, de aquellos que ignorantes aún no saben, que aquí nunca hubo una cuestión de razones, sólo fue no saber encontrarle los píes al respeto, y tildar a la tolerancia de calzarse con ellos cuando se los veían planos y no aptos al servicio de la palabra que une, comunica, y se eleva más allá de la razón, aunque fuese sin alzar la voz.

(…)Mi Lolita, no sobrevivió, ella no pudo dejar la palabra escrita de otras Lolitas, como aquel que sin dejar de mirar atrás, guardó el semblante de lo perdido para desmembrar con el tiempo las espinas de ese tallo, y que a pesar de tanto pinchazo y bastantes heridas, le ha dejado la rosa limpia, rosa que morirá, pero hasta entonces, será la belleza en la vida de muchos ojos, y será bañada de las gotas que pareciendo rocío, serán en realidad, las lágrimas que no han de morir, porque mientras estemos vivos, nunca se han de olvidar de su segundo apellido.
-Siempre me descansa la memoria cuando instantes que se alargan en intensidad de sentimientos, me abrazan con una calidez que nada tiene que ver con lo físico.

Son los recuerdos de lo contado, de aquello que alguna vez, se quedó grabado por la fascinación de la voz que narraba, y que a la vez, te hacía escribir sin saberlo en la memoria, cuando perdías la noción del tiempo, interpretando las miradas del dolor en los recuerdos contados en voz alta-.

No te vayas sin dejar una buena o mala crítica

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s